lunes, 4 de mayo de 2015

Reseña: Sobre el Decrecimiento Económico

Comparto una breve reseña que escribí sobre el libro "Ecológica" de André Gorz (y que publicada en la revista de Sociología de la Universidad Viña del Mar, Kütral, Número 9, Diciembre 2014, Año 5); libro que propone como  principal solución a las crisis actuales el llamado "Decrecimiento Económico".




Ecológica

André Gorz (2012). Clave Intelectual, Buenos Aires, 133 páginas

            André Gorz, seudónimo de Gerhart Hirsch (1923-2007), fue un filósofo y periodista austriaco, considerado entre los principales precursores de la Ecología Política y el altermundismo. En esa línea, Ecológica es un texto idóneo para aquellos que quieran familiarizarse con los problemas del capitalismo contemporáneo. Actualizado en los avances de la informática, Gorz plantea que a los problemas clásicos del capitalismo, producidos por el "triple desposeimiento" del trabajador (la usurpación de los medios de producción, la baja de los salarios para poder extender el horario de trabajo, así como los controles de los tiempos de trabajo), se le suma una nueva gama de problemas que hacen entrar en crisis al modelo actual, debido principalmente a los avances informáticos y a la robotización.

            Además de la crisis misma que se puede observar en la realidad, Gorz expone como -a nivel teórico - la economía política también se encuentra en crisis. Principalmente las categorías fundamentales de la misma: trabajo, valor y capital. La coherencia semiótica de estas categorías se pone en duda en la medida que lo que se ha venido a llamar "sociedad del conocimiento" se desarrolla con plenitud. Haciendo una apología a la cultura hacker Gorz plantea que gracias a los software libres el acceso abierto a la información hace que los costos de producción de la misma tiendan a cero, al grado de expresar que su "protocomunismo encuentra sus figuras emblemáticas en la informática" (Ibíd.: 18).

            Antes de comentar y proponer soluciones al sistema contemporáneo, Gorz señala una serie de inconvenientes del capitalismo actual. Por ejemplo, destaca la importancia del automóvil como ideología social, siendo un bien supuestamente "de lujo", pero accesible a "todos" (mediante endeudamiento), manteniendo así el poderío económico de los magnates del petróleo y acrecentando la lógica de vida urbana estresante y contaminante. Durante todo el libro se puede entrever una crítica al sistema capitalista (especialmente en su versión posfordista, de sociedades opulentas y "derrochadoras"), la cual está ligada constantemente a lo tecnocrático (e informacional), así como a todo lo que tenga que ver con "lo verde" (ideología anti-contaminación). Lo anterior se puede denotar en su postura con respecto a la política: emprendiendo una dura crítica a la tecnocracia (que además de mantener un sistema jerarquizado, es el agente principal que motivó el sentido original del movimiento ecológico, el cual protestaba en contra de la destrucción de la cultura de lo cotidiano), el autor pareciera terminar tomando partido por la democracia radical, la cual podría romper la "esencia" del capitalismo (que según Gorz es la expansión de la racionalidad económica-instrumental sobre todas las otras racionalidades).

            Distanciándose de la economía doméstica y la autarquía aldeana (así como también del individualismo de Sartre), Gorz señala que la respuesta al sistema capitalista es el comunismo [marxismo], el cual sería el único que puede llevar a cabo la tarea ecológica, logrando la mayor satisfacción con el menor costo. De esta manera destaca al decrecimiento, la renta básica universal, la disminución de las horas de trabajo y la gratuidad en la economía del conocimiento como algunos de los pilares fundamentales para una transición de modelo.

Si bien la crítica de Gorz ofrece una serie de planteamientos teóricos importantes y actualizados, parece quedarse un tanto coja con respecto a la solución ofrecida. Está claro que la informática y la robotización están cambiando el mundo actual, así como también que la preocupación por el medio ambiente ya no es un lujo de pocos, sino una necesidad de todos. La gratuidad de los conocimientos, así como la renta básica son propuestas políticas que sin duda son progresistas. No obstante, el comunismo planteado por Gorz se encuentra con algunas dificultades que difícilmente podría resolver.

            La propuesta del decrecimiento propone reducir al mínimo las necesidades, para poder así, entre otras cosas, mitigar los efectos nocivos de la sobreproducción (no tan solo las externalidades negativas que contaminan, sino la creación de necesidades artificiales). Sin embargo, la disminución del crecimiento económico disminuye las posibilidades de nuevos empleos. Ante esta disyuntiva Gorz podría argumentar que para ello es la renta básica. A pesar de que esta iniciativa podría servir en el corto plazo para mitigar los efectos devastadores del desempleo, hay algunas aristas que parece que Gorz no supo evidenciar, como el desempleo tecnológico. Además de que un decrecimiento prolongado haría entrar al sistema económico en una contradicción constante (¿cuándo decrecer? ¿cuánto decrecer? ¿cuándo crecer?), con las consecuencias negativas que ello traería (descontento de empresarios, ausencia de nuevos empleos, limitación artificial de beneficios económicos y tecnológicos), esta postura económica no termina con algunos de los problemas fundamentales de los sistemas monetarios.

            Por otro lado, el aumento de la informática efectivamente ha dado un libre acceso al conocimiento que abarataría sus costos hasta la gratuidad. Pero lo que Gorz no considera es que la robotización podría lograr lo mismo con todos los bienes materiales. Paradójicamente, en los sistemas monetarios el aumento de la incorporación de máquinas (automatizadas) al trabajo conlleva un aumento del desempleo. Sin embargo, si trascendemos el paradigma de los sistemas monetarios (tal como plantea la Economía Basada en Recursos planteadas por Jacque Fresco), es posible crear una hiper-abundancia de bienes materiales (con medios de producción no-contaminantes) que permitirían que todos los bienes sean gratuitos.

            De manera similar, Gorz descarta muy deprisa, sin explicar ni dar argumentos sólidos, la perspectiva de la autarquía comunal aldeana. Expresada contemporáneamente en la Red Global de Ecoaldeas, esta postura permite el autoabastecimiento y un paradigma ecológico, alternativo al capitalismo (y al marxismo). Esta perspectiva es quizás mucho más adecuada para recobrar uno de los  anhelos de Gorz: la recuperación de "lo cotidiano" o de lo que llama Habermas el mundo de la vida. Teniendo en cuenta lo anterior, Ecológica puede ser considerado como un excelente libro para contextualizar la crítica contemporánea al capitalismo, especialmente desde los factores ecológicos y de la "sociedad del conocimiento" que tal vez la crítica marxista tradicional no consideró a cabalidad por el contexto histórico en que se encontraba.

miércoles, 21 de enero de 2015

Necesitamos una Nueva Ciencia



Teniendo en cuenta que la ciencia es la encargada de la legitimación del conocimiento en las sociedades (pos)modernas, prácticamente cualquier propuesta en la actualidad que busque disponer de conocimiento para el cambio social, debe estar sustentada en aquella. Es por ello que aunque algunas cosas puedan parecer evidentes a primera vista, para compartirlas con el resto de la sociedad como un modo de vida conjunto, es necesario pasar por el sistemático método científico.

Hoy les quiero compartir la necesidad de una nueva ciencia. Una ciencia que ayude a equilibrar el sistema nervioso de los seres humanos. Si bien en la modernidad hemos logrado grandes logros materiales (aunque lamentablemente en los sistemas monetarios, distribuidos de manera profundamente inequitativa), aquellos logros han a menudo ido acompañados por un estilo de vida de creciente estrés. Es muy raro encontrar un millonario relajado y ello se debe a que generalmente el costo de la riqueza extrema es un modo de vida increíblemente alejado de los cánones de la naturaleza. Así, pareciera ser que el relax y la despreocupación por el futuro parecieran ser privilegios del “buen salvaje”.

Si bien aquella paz puede ser producto de múltiples variables (como las de la propia cognición, que son a menudas tratadas por la espiritualidad), lo que la ciencia puede hacer con toda potestad es ver que variables en el “mundo exterior” afectan el sistema nervioso; es decir, cómo el medio ambiente (y sus diversos elementos) alteran o tranquilizan la percepción humana.

Como bien la anterior afirmación pudiese dar pie a prácticamente infinitas interpretaciones (como podría ser la “no-científica” astrología en su estudio de la influencia de los astros), es necesario -como toda ciencia moderna aconseja- acotar el campo de estudio. ¿De qué manera se podría realizar esta acotación?

Si mi intuición “pre-científica” es clara, parece ser que el aumento del estrés ha aumentado en los tiempos modernos (así como enfermedades psicológicas-psiquiátricas como la bipolaridad, la depresión o incluso el mismo suicidio). ¿A qué se puede deber este aumento de estrés?

Dejando de lado variables más “místicas” (como la sincronización con calendarios lunares) que diferencian a las sociedades modernas y pre-modernas (“occidentales”) del estilo de vida indígena, podemos darnos cuenta que dentro del mismo paradigma occidental, la diferencia entre las sociedades pre-modernas y modernas (además de variables culturales como la predominancia de la religión), en lo que al ambiente se refiere, es  sin duda alguna el aumento de la tecnología industrial (y eléctrica). ¿Es siempre benéfico para el ser humano este tipo de tecnologías?

Nadie puede negar el beneficio práctico de aquellas, ya sea en los aspectos comunicacionales o económicos. No obstante, ¿afectan de alguna manera el sistema nervioso del ser humano? Al parecer el uso excesivo de aparatos como celulares o computadores, podrían estar relacionados con la aparición de ciertos tumores y por qué no, con un aumento del estrés, debido a la hiper-estimulación del sistema nervioso, bombardeado con un sinfín de estímulos que trascienden el espacio-tiempo inmediato, es decir, aquel se presenta de modo “natural” ante la percepción del humano, sin intervención de “realidad virtual” (como un partido de fútbol jugado en otro lugar y trasmitido por televisión o, en fin, cualquier vídeo que concadene una serie de imágenes sin “conexión natural” alguna en un periodo de tiempo cortísimo; a modo de ejemplificación véase Wall Street o Time Square).

De esta manera, la función de esta nueva ciencia sería:

1)     Ver los posibles efectos del sistema nervioso humano en su relación con el uso activo de tecnología industrial, eléctrica e informática; o su exposición pasiva en un ambiente (cerrado o abierto) que disponga de objetos de tecnología industrial y eléctrica.

A priori pareciera ser que el contacto con tales tecnologías no calma el sistema nervioso, sino países como Estados Unidos o Japón debiesen exponer estilos de vida tranquilos y poco estresados, lo cual no parece ser en primera instancia…

Pero además de tal suposición ¿sería posible que existieran, en contraposición a los efectos anteriores, ciertos elementos del entorno que ejercieran un efecto contrario, es decir, sedante y tranquilizador en el sistema nervioso?

Tal respuesta debiese responder también esta nueva ciencia; desde estar rodeado de árboles, sumergirse en agua fría en un pozo, hasta pisar arena podrían ser ciertos elementos que quizás, podrían calmar al ser humano. La Nueva Ciencia debiera por lo tanto,

2)      Relacionar todos estos "objetos naturales" con el cambio del sistema nervioso en el ser humano, ya sea por la mera exposición “pasiva” en un entorno natural (posarse bajo un árbol) hasta las diversas formas de exposición “activa” (como caminar por el pasto).

Por último debe considerarse también que, además de los objetos industriales y “naturales”, visto desde la perspectiva científica, para un perceptor individual otros seres humanos pueden aparecer como “medio ambiente” (para no utilizar la despectiva palabra de “objetos humanos”). Por ende, también habría que:

3)      experimentar la variación del sistema nervioso del individuo perceptor en relación a otros individuos, ya sea en una interacción activa (entiéndase, contacto físico humano de piel a piel), así como en la exposición pasiva; principalmente, la variación del estado del sistema nervioso del individuo en relación a la exposición con un número mayor o menor de otros individuos que habitan el mismo espacio que él sin tocarlo, en espacios abiertos (“naturaleza”) y cerrados (como edificios), ya sea que los “individuos ambientes” permanezcan pasivos (quietos) o activos (en movimiento, cerca o más o menos lejos del individuo perceptor).

De los anteriores resultados que esta ciencia pudiese formular podría depender en gran medida el futuro rumbo de la sociedad, al plantearse preguntas como ¿Será la tecnología industrial e informática la que nos liberará del yugo de las necesidades materiales o por el contrario, debe limitarse hasta cierto grado? ¿Valdrá la pena una hiper-producción material si aquella nos mantendrá constantemente en un estado de tensión y estrés? ¿Calma el sistema nervioso habitar en “grandes sociedades”, con increíbles cantidades de humanos co-habitando el mismo lugar (como en la ciudad) o será más beneficioso para el sistema nervioso habitar un espacio con una menor cantidad de personas (como en las antiguas comunidades indígenas)?


 De las respuestas anteriores se podría caracterizar 2 tipos ideales de sociedad (que serán expuestas en el próximo post), que podrían servir como paradigmas al futuro de “la sociedad toda” (entiéndase por paradigma político mundial, nacional y local)…