domingo, 27 de noviembre de 2016

Sobre la Prosperidad Para Todos

En el post anterior destaqué la importancia de una nueva concepción de libertad, la Libertad Social. Según ésta, seremos más libres socialmente mientras tengamos más potencialidades para elegir nuestro estilo de vida, con la menor coerción posible de pares humanos.

Para tener un gran potencial de elección del propio estilo de vida es necesario poder acceder a los recursos que nos permitirán realizar el modo de vida elegido. Es decir, necesitamos prosperidad (abundancia de disponibilidad de y acceso a recursos y servicios).

Podríamos discutir diversas formas de lograr esa prosperidad, sea de una perspectiva material y tecnológica (como plantea el Proyecto Venus), hasta incluso desde una perspectiva espiritualista. No obstante, teniendo en cuenta el delineamiento anterior de la Libertad Social, la manera de lograr mayor prosperidad es gracias a la ayuda de otros. Es decir, gracias a los productos del trabajo y servicio que otros me permiten gozar. Esto no quiere decir que yo "no deba trabajar". Simplemente se busca mostrar cómo todo esto es posible gracias a los productos del trabajo mancomunado (desde viajes -con la tecnología y los trabajadores que se requieren para hacerlos funcionar- hasta comida; desde tecnología de entretenimiento hasta educación).

Por ende, podemos ver -como se hace actualmente- la prosperidad desde una perspectiva de libertad individual, en la cual yo puedo acumular sin importarme el estado económico del resto o, por el contrario, desde una perspectiva de Libertad Social, donde todos estaríamos enfocados en aumentar la prosperidad de los otros y por ende, la Libertad Social de los otros, lo cual, obviamente, repercutiría indirectamente en el aumento de mi propia Libertad Social. Es decir, el enfoque de prosperidad ya no sería centrípeto (tratar de lograr mi propia prosperidad como sea posible, sin importarme los demás), sino que sería centrífugo (lograr la prosperidad de otros y estos otros, a su vez, lograrán mi propia prosperidad). La primera perspectiva está enfocada principalmente en obtener, la segunda, en dar.

No obstante, en cuanto a la prosperidad se refiere, no basta con tener en cuenta solo al individuo. Es necesario comenzar a pensar un SISTEMA de Prosperidad Para Todos. ¿Por qué? no solo porque este sistema, sin duda alguna, por lo menos para la mayoría (con excepción de algunos de los "privilegiados" de hoy que gozan de un morboso sentimiento de superioridad por acumular más bienes que el resto), permitiría lograr un mayor grado de motivación para aumentar la prosperidad colectiva, lo cual, teniendo en mente la lógica de la Libertad Social, repercutiría en la prosperidad individual; sino que también, porque sin duda alguna, la prosperidad de todos brindaría una calidad de vida superlativamente mejor que la que hoy goza la gran mayoría, e incluso, aumentaría la calidad de vida de los más ricos (los cuales, entre los máximos beneficios, ya no tendrían que preocuparse de acumular y acumular riqueza con el miedo y estrés que conlleva perderla, además del tremendo beneficio que sería para ellos no temer más al robo, el cual, en condiciones de Prosperidad Para Todos, no sería más que un sinsentido propio de las sociedades primitivas).

Además, es necesario tener un marco de pensamiento nuevo: el "objetivo" ya no debe ser "eliminar la pobreza" ni tampoco "lograr las condiciones mínimas de igualdad que permitan desarrollar al individuo", sino que, debiera ser, lograr la máxima Prosperidad Para Todos. De seguro, si bien no sería una meta para nada fácil en un principio (no tanto porque no hayan suficientes recursos para satisfacer los deseos de todos ni la tecnología o inteligencia para cumplirlos, sino que principalmente por las tremendas limitaciones del sujeto egoísta, quien está preso de ver un mundo de escasez, competencia y un penoso miedo constante a "ser menos" que el otro), lograría -como efecto "secundario o indirecto"-, debido a su ambicioso enfoque, solucionar aquellas propuestas menos ambiciosas que deseamos arduamente, pero que insolitamente aún no logramos (que todos tengan -¡al menos!- lo mínimo para vivir y desarrollarse dignamente).

Me parece de suma relevancia cambiar el enfoque cognitivo, liberándonos de una vez por toda del paradigma de la escasez, para comenzar a pensar desde un Paradigma de la Abundancia. Desde la primera visión, la lógica natural para lograr condiciones "de igualdad" o dignidad, sería la redistribución. Si se piensa que hay recursos escasos y que los ricos han acumulado lo que los pobres no tienen (cosa que ojo, no niego como diagnóstico socio-moral), la consecuencia lógica de ello será "quitarle" a los ricos, lo que los pobres no tienen. Esto, sin duda alguna, molestará a muchos y producirá ideologías violentas, tanto revolucionarias, como reaccionarias.

El drama es que, para que la Libertad Social funcione, es necesario un Paradigma de Unidad, es decir, uno que vea al mundo entero como UN organismo y por ende, uno que no busque "dañarse a sí mismo". La filosofía que lo guíe debe ser, por ende, pacífica. Lograr una dictadura del proletariado o la toma violenta del Estado no hará más que producir una división-constante que imposibilita, tanto la Prosperidad Para Todos -por la reticencia de los que más tienen, quienes no querrán "compartir" sus medios de producción, trabajo e inteligencia- como la Libertad Social (la cual necesariamente requiere un grado importante de Voluntad de Armonía, solo posible sin una ideología maniquea de violencia).

Por lo tanto, en vez de tratar de redistribuir forzosamente "X" bienes, la mentalidad social debiera estar enfocada en cómo lograr crear suficientes de esos bienes para que no sea necesario repartir "X", sino que logre producir suficientemente de "X" para que todos puedan acceder a él o, en su defecto, mostrar y producir "Y" bienes que puedan reemplazar de alguna manera a "X". En caso de que sea inevitable el repartir "X" entre muchos, el esfuerzo debiese estar ligado en promover una inteligencia social (y espiritual) suficientemente eficaz, para que los implicados en la demanda de ese bien puedan lograr un acuerdo pacífico, que idealmente deje a todos contentos; es decir, un mecanismo de toma de decisiones basado en la lógica de la racionalidad comunicativa [7].

Si bien probablemente las mayores resistencias a la Prosperidad de Todos vendrán por parte de los más ricos, la armonía social sugiere el más lento (pero muchísimo más fructífero a largo plazo) proceso de educación (socio-espiritual) de las clases económicamente poderosas. Es deber de todos enseñar, tanto ética, social como espiritualmente, que lo que más le conviene a aquéllos no es vivir en una burbuja esnobista de indiferencia, sino que por el contrario, que la Prosperidad Para Todos incrementará, sin lugar a dudas, su bienestar. ¿O es que acaso la calidad de vida de una persona de clase media de hoy no es mejor que la de un rey de la Edad Media? ¿Cómo sería entonces el potencial de bienes y servicios que la humanidad se brindaría a sí misma, de manera libre, si todos tuvieran un potencial pleno? ¿Cuántas nuevas genialidades se compartirían, con dicha y sin reservas, si quien las creó no tuviera que preocuparse de tener que lograr un sustento mediante ellas?...




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