lunes, 19 de octubre de 2015

Revolución a través del consumo

















"Dadme el control de la moneda de un país y no me importará quién hace las leyes". Mayer Amschel Rothschild.

Sabia frase para quien busca conseguir el mayor poderío social...Es una sabia frase política, ya que da a notar algo que hasta hace poco no se tenía muy presente: que quien disponga de mayor poder económico, dispone del mayor poder social y político dentro de una sociedad. Los políticos, a quienes muchas veces se les adjudica un poder sobrevalorado, no son más que marionetas y lacayos de los dueños del dinero, ya que al fin de cuentas, todo político necesitará financiar su campaña de alguna manera...y en caso de irse en contra de los señores banqueros, éstos disponen de muchas amenazas "sociales" para defender sus intereses (como la creación de crisis económicas por flujo de capitales), amenazas que ningún político puede permitirse ignorar, so pena de tremendo descontento y cesantía poblacional.

¿Pero es la creación del dinero un poder invencible? ¿Existe alguna manera de equilibrar el poder dentro de la sociedad, entre los señores feudales actuales, es decir, los banqueros, y el resto de sus plebeyos?

Aunque a todo capitalista financiero no le guste admitirlo, en el fondo, el dinero, si bien sustentado en NADA y creado de una deuda perpetúa, no es más que un símbolo económico. ¿Símbolo de qué? En TEORÍA de los bienes y recursos en circulación.

Lo anterior da a notar un hecho un poco olvidado en el reino del capitalismo financiero actual: en el fondo, el capital se origina gracias a un exceso de ventas. Si bien el capital financiero, como parásito chupasangres puede crecer por su poder “mágico” (el interés), en el fondo, el gran rey del juego es el capital industrial y comercial, es decir, el capital producido por la venta de artículos y su posterior comercialización y plusvalía.

Mucho se ha teorizado ya sobre la plusvalía y la explotación del trabajador. Por supuesto que no negaré tan evidente hecho, pero los sistemas que han tratado de revertirlo (Marxismos) no han hecho más que crear una nueva jerarquía más nefasta aún: el robustecimiento del Estado y sus amargados funcionarios. Quienes aún crean en que solamente la vía política terminará con las injusticias y las desigualdades económicas, pueden seguir jugando al jueguito político unos cuántos siglos más…al final, de todas maneras tendrán que enfrentarse contra las típicas limitaciones de los sistemas monetarios…

Ante tal disyuntiva ¿qué puede hacer uno, como simple ciudadano ordinario y miserable, para limitar un poco el poder de los dueños de la sociedad (banqueros y grandes empresarios)?

Si bien es cierto que la medida que en este post compartiré no tendrá mucho efecto inmediato (por la falta de información financiera y en general de las situaciones de las grandes empresas económicas, así como la falta de conciencia colectiva que se concientice de tal contexto y que actúe en bloque a consecuencia), si es una medida que me gustaría destacar, por lo menos "para tener bajo la manga"...

Como mencioné anteriormente, creo que dedicarse exclusivamente a "la vía política" suele dar pocos resultados estructurales. La consecuencia de querer cambiar una sociedad solo mediante medidas políticas, sin cambiar la moral de las bases sociales, es una incongruencia operativa que hace que cualquier ideal noble no se manifieste armoniosamente en la práctica, por la ineficiente conducta propia de la vieja moral social... Si bien la vía política puede impedir abusos más grotescos, dar algunas migajas y poner algunos parches por aquí y por allá, no solucionará el problema de fondo (el sistema monetario basado en la deuda y la jerarquía); en el caso de que surja por ahí algún idealista que quieran ponerle fin a la injusticia, los señores del dinero podrán enviar a sus mercenarios para que lo aniquilen fácilmente, y como controlan los medios de comunicación, podrán hacer creer a las masas que tal fenómeno sucedió “por algún loco fanático” o cualquier invento falaz (como el desprestigio del caudillo por acusaciones falsas, etc.). O simplemente, en los casos más descarados (cuando ya no les queda otra opción), directamente instalando una dictadura militar.

¿Estamos destinados entonces, a aguantar todos los caprichos de los nobles banqueros?

Por el momento, diría que sí… por lo menos, hasta que las cosas se vuelvan más trasparentes... [con medidas como las que se explica en http://sustentabilidadarmonica.blogspot.com/2015/04/el-fin-de-la-corrupcion-economica.html]. Sin embargo, una manera de “ir recuperando poder”, poco a poco, tal cual la hormiga que busca los restos para aguantar el invierno, es a través DEL CONSUMO CONSCIENTE (es decir, el consumir aquellas cosas que producen un verdadero bienestar en la población sin abusar de la gente o destruir el medio ambiente).

Como ciudadanos, nuestra naturaleza política ha sido reducida a cenizas. La única vía política parece ser tomarse el manoseado poder estatal. Pero como ya conocemos el carácter corruptor de tal instrumento, no nos queda más que acudir a nuestra última vía de acción; nuestra “mayor libertad”. En el fondo, junto con la libertad de dar un voto a un político que luego hará lo que se le antoje, el “liberador” liberalismo nos da una sublime libertad más: la libertad de CONSUMIR lo que se nos antoje (claro está, dentro del margen de moneditas y papelitos que nos brinden nuestros jefecillos).

No hay que denostar tan sagrada libertad. En verdad, utilizada COLECTIVAMENTE ¡puede producir tremendos cambios! ¿Acaso no sucedieron ejemplos de aquello, ejemplos que estén frescos en nuestra memoria?

No olvidemos jamás la experiencia de Gandhi. Además de enseñarnos el poder de la no-violencia, este extraordinario Ser nos dio un ejemplo de revolución política a admirar y a seguir de aquí al futuro: el poder de la revolución mediante el consumo.

Gandhi, un flaco hindú de voz tenue, derrotó a uno de los imperios más poderosos de la historia de la humanidad, ¡sin levantar ningún arma! Por lo menos física…porque el poder de su resistencia moral y su aguda inteligencia política fueron herramientas más eficientes que cualquier bomba atómica…lograron los mismos efectos que podrían haber logrado éstas (la independencia nacional) sin necesidad de generar rencor en los vencidos, y dando un glorioso ejemplo al resto de la humanidad.

Gandhi comprendió muy bien que en el fondo, el poder de los poderosos reside en su capital económico. Siendo más débiles en cuánto a lo militar y disponiendo de menos medios económicos ¿cómo poder enfrentar a tales titanes financieros? La respuesta es: dejando de alimentarlos. Todo poder económico real de ellos se sustenta en el consumo que hacemos nosotros, pequeñas hormiguitas insignificantes. ¿Pero qué sucedería si una colmena de hormigas se negara a consumir los productos que venden los poderosos? La respuesta es: aquellos “morirían” (dejarían de tener un poder excesivo) por inanición (o como mínimo, tendrían que fugar sus capitales financieros a empresas nobles, lo que en el fondo, "los uniría" al "verdadero progreso", es decir, aquel que no explota y no daña el medio ambiente).

Así pues, si eres pro-orgánico, trata de hacer un esfuerzo y comprar productos orgánicos. Si eres anti-transgénicos, informante y no compres ningún producto que venda Monsanto (ni sus asociados más cercanos; esto demostrará el descontento general, produciendo un boicot y aislamiento de sus “aliados económicos”; quienes por susto de morir por "inanición financiera", deberán dejar de comerciar con aquella nefasta y siniestra empresa). Si eres nacionalista, compra los fósforos de tu país ¡y no los de Alemania!, si eres pro-industria local, procura consumir lo que venden y producen tus vecinos, y si eres anti-yankee ¡¡¡no te la pases tomando Coca-cola todo el día!!!

El principio está claro: cada acto de compra-consumo brinda cierto poder económico al dueño de aquellos medios de producción. El excesivo poder con que cuentan los "peces gordos", se debe a cada gramito de producto que consumimos de ellos. Por lo tanto, si identificas que una determinada empresa está haciendo daño al medio ambiente o va en contra de tus ideales ¡pronúnciate señalando los inconvenientes y protesta no consumiendo más sus productos! De esta manera no solo estarás “equiparando la balanza” de poderes, sino que también estarás ayudando a terminar con ciertos “males” de la sociedad actual.

Bien cierto es que, mientras sigamos usando el dinero (y nos sigamos organizando en sociedades, es decir, sistemas sociales jerárquicos), dinero basado (creado) en LA DEUDA, y mientras siga existiendo el interés, seguirán existiendo “poderosos”…sin embargo, durante la fase de transición a sistemas sociales más horizontales, o economías de gratuidad, lo cierto es que, como colectivo pro-humanidad deberemos hacer esfuerzos consumiendo más conscientemente…No vaya a ser que cuando el momento de la Gran Revolución llegue, los banqueros y sus ejércitos privados eliminen "a  más de la mitad de población mundial". Lo anterior, que puede ser considerado una exageración, busca ilustrar un hecho probable: cuando los sistemas financieros se vuelvan ABSOLUTAMENTE transparentes y como colectivo mundial busquemos pasar a un tipo de sociedad más justa, quienes detentan el poder, es decir, los únicos que tienen “algo que perder” (banqueros, políticos y grandes empresarios), se resistirán…y prácticamente la única manera de hacer una transición pacífica sin que éstos "lloriqueen violentamente", es privándolos de sus posibilidades de armarse (o por lo menos limitándola)… Para que no contraten a una masa de seres hambrientos desesperados por trabajo (mercenarios), no solo será necesario que la sociedad civil asociada les pueda ofrecer otros trabajos a aquellos, sino que más importante aún sería que aquellos que detentan contra el progreso de la humanidad no dispongan de exceso de recursos para contratar a tantos asesinos; exceso de recursos que el único modo de privarles de manera efectiva es a través de la negación de consumir sus productos…

Por lo último, es importante destacar que no basta solo con la abstención individual pasiva de consumir determinados productos. En el caso de Gandhi todos tenían muy claro que la industria textil era la principal rama que le vendían los ingleses a los habitantes de la India. El problema actual es que la mayoría de la gente no sabe qué productos les hacen daño y de qué manera. De ahí que es necesario también hacer un proceso de “difusión de información”, que creen “bloques colectivos de consumo” (asociaciones de personas que se comprometan entre sí a hacer todos sus esfuerzos posibles por apoyar determinada causa económica-moral, por ejemplo, promover el consumo de productos locales orgánicos, sea de manera pasiva, mediante su simple consumo, sea de manera activa, mediante difusión de información); un “marketing consciente” que no solo denuncie aquellas empresas que están haciendo un manifiesto daño a la humanidad, sino que deben -sobre todo- promover aquellos emprendimientos paralelos que ofrezcan el mismo bien o servicio, pero que cuenten con las disposiciones morales de las cuales sus competidores, las siniestras empresas, no cuentan. Así, los colectivos asociados lograrán re-dirigir la riqueza hacia aquellas empresas conscientes (idealmente, horizontales) y responsables que lo merezcan, debilitando lentamente a los poderosos que además de explotar a sus pares, están destruyendo el planeta con sus locuras de ansiedad egótica de querer ser "el más rico, el más poderoso, el más famoso", a como dé lugar…


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