Un ejemplo de lo anterior
es el concepto peyorativo de “conspiranoico” (conjunción de los vocablos
“conspiración” y “paranoico”). Si bien soy consciente de que al escribir este
artículo me expongo a que se me tilde de tal, como el propósito de este
blog es la sustentabilidad armónica -y como no me parece ni sustentable ni
armónico un sistema social sin soberanía corporal- me siento en mi deber de
alertar sobre potenciales futuros distópicos. Lo conspiranoico aludiría a
individuos presos de una tendencia de paranoia colectiva debido a teorías
conspirativas imaginadas y que no tienen ninguna correlación con la realidad
(observable). Si bien es cierto que tal significado se le podría aludir a
muchísimas teorías descabelladas que andan dando vuelta por internet, es
también un “heurístico cognitivo”, es decir, un concepto que
permite simplificar la cognición, reduciéndola a una simpleza que no
necesariamente se ajusta con la complejidad de la realidad (en este
caso, social).
El perezoso mental
escéptico seguirá en su lecho nihilista, riéndose en sus foros de cualquier
teoría que acuse potenciales abusos, con excepción, claro está, de que esta
aparezca en CNN. Mientras tanto, los que buscan un poder externo excesivo
mediante medios caóticos, o sea en oposición a la armonía social, se
regocijan en divulgar por los cinco vientos de la red virtual disparates como la “teoría de la
tierra plana”, así ante cualquier acusación de sus planes, la gente se reirá
homologándolo a tales teorías disparatadas.
De esta manera, confundiendo a la gente se puede avanzar en dominación, de manera gradual, silenciosa, casi imperceptible. Un ejemplo de ello es la naturalización de la intromisión corporal. Por ejemplo, en mi país, Chile, hace algunos meses se discutió la “ley cholito”, que en un principio buscaba ponerle un chip obligatorio en el cuerpo de cada canino para “identificación” del animal. Aunque al final se decidió que sería voluntario implantar el chip (quien no lo pusiera debiese registrarlo de manera alternativa); lo que antes podía resultar indignante (poner un chip), ahora podría ser considerado un hecho naturalizado (no sujeto a discusión ética).
De esta manera, confundiendo a la gente se puede avanzar en dominación, de manera gradual, silenciosa, casi imperceptible. Un ejemplo de ello es la naturalización de la intromisión corporal. Por ejemplo, en mi país, Chile, hace algunos meses se discutió la “ley cholito”, que en un principio buscaba ponerle un chip obligatorio en el cuerpo de cada canino para “identificación” del animal. Aunque al final se decidió que sería voluntario implantar el chip (quien no lo pusiera debiese registrarlo de manera alternativa); lo que antes podía resultar indignante (poner un chip), ahora podría ser considerado un hecho naturalizado (no sujeto a discusión ética).
¿Le parece a usted
necesario y conveniente tener que implantar chips a entes biológicos? ¿Con qué
derecho los políticos chilenos osaron exponer la posibilidad de obligarnos a
implantar chips a los perros?
Si es que se argumenta que
es para identificarlos mediante GPS en caso de pérdidas o agresiones, ¿sería
entonces prudente argumentar que debiese ponérsele a todo ser humano recién
nacido, así no hay posibilidad de que los bebés se pierdan o para poder
identificar fácilmente a un ladrón? ¿O que hay de la “cómoda” idea
de usar ese chip como tarjeta de crédito o celular incorporados?
Si bien a primera instancia
podrían parecer ideas seductoras para el amoralista filosófico (quien
ha perdido la esperanza en el cultivo
moral de los ciudadanos como principal factor regulador armónico),
o el materialista gnoseológico (quien niega la
capacidad de las realidades metafísicas), quien reflexione al respecto
se dará cuenta que es una idea peligrosa; al menos potencialmente... Y en caso de que alguien voluntariamente quiera acceder a ello, es necesario clarificar conceptualmente aquellos detalles que justifican la postura de aquellos que no...
De ahí que es necesario clarificar
el previo dilema, planteando un nuevo concepto, LA “SOBERANÍA CORPORAL”,
es decir, el derecho que tiene cada individuo de disponer de su
propio cuerpo biológico como se le dé la gana.
Implantar un
chip OBLIGATORIO a un ente biológico es por ende una violación a la
"Soberanía Corporal". Es violar
la última de las libertades, la soberanía corporal y el consecuente derecho a
la no intromisión estatal sobre el cuerpo propio. Con este concepto en boga,
podríamos comprender que la esclavitud fue un estado en donde se enajenaba la
soberanía corporal del esclavo. Por lo tanto, decretar como obligatorio el uso
del chip en los cuerpos es un principio esclavizante y por ende, inmoral en
esencia. Comprendiendo la soberanía corporal como un derecho
inalienable, se puede comprender entonces que cualquier intromisión
estatal al cuerpo del individuo sin su consentimiento deliberado, como por
ejemplo la implantación de una vacuna obligatoria, es una violación a la
soberanía corporal humana.
De igual manera, si se
conceptualiza al animal como un ente biológico a cargo de su dueño, el dueño
tiene el derecho de hacer respetar la soberanía corporal de su perro, lo que
justifica que no se legalice el implantarle un microchip obligatorio. Este
principio, sin embargo, no podría ser usado por el padre simpatizante del
transhumanismo que quisiera ponerle un chip a su hijo, ya que este
tiene su propia soberanía corporal. En esta lógica, quien quisiera
ponerse un chip voluntariamente podría hacerlo luego de la mayoría de edad,
donde se presupone, existiría el discernimiento necesario para una decisión de
tamaña envergadura…